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España mantiene su diferencial de crecimiento frente a la Eurozona y encara una nueva fase marcada por la búsqueda de mayor productividad

El 'Informe Económico y Financiero de Esade', elaborado con el apoyo de Banco Sabadell, sitúa el crecimiento del PIB español en el entorno del 2,2% - 2,3% en 2026, una estimación que prácticamente duplicaría la prevista para la Eurozona y que apunta a una normalización gradual del crecimiento en 2027
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España llega al ecuador de 2026 en una posición comparativamente sólida frente a la Eurozona, apoyada en el dinamismo del empleo y del consumo, unos balances privados más saneados y una economía exterior más diversificada. Así lo recoge el Informe Económico y Financiero de Esade, correspondiente al segundo semestre de 2026, elaborado con el apoyo de Banco Sabadell y dirigido por Omar Rachedi, profesor de Esade. El pronóstico actual sitúa el crecimiento del PIB español en el entorno del 2,2% - 2,3% en 2026, frente a una Eurozona que avanzaría alrededor del 1,1%. España mantendría así un ritmo de crecimiento prácticamente dos veces superior al de la Eurozona. Además, el escenario central contempla que esta previsión podría revisarse ligeramente al alza de aquí a final de año.

Del impulso de la demanda a los límites de la oferta

El informe plantea que la economía española entra en una nueva fase del ciclo. Tras varios años de crecimiento apoyado en el empleo, el consumo, el turismo, los fondos europeos, la aportación demográfica y unos balances privados más saneados, el reto pasa ahora por consolidar ese avance mediante una mayor capacidad productiva. En este sentido, los autores subrayan que la resiliencia demostrada por España reduce su vulnerabilidad ante shocks externos, pero no sustituye la necesidad de elevar el crecimiento potencial mediante inversión, productividad y capacidad de oferta.

En el capítulo de coyuntura, elaborado por Josep M. Comajuncosa, profesor de Esade, y Manuel Hidalgo, profesor de la Universidad Pablo de Olavide y senior fellow de EsadeEcPol, los autores apuntan a una normalización gradual del crecimiento en 2027, hacia tasas más próximas al potencial de la economía española. Según el informe, la singularidad de esta fase es que los avances logrados hasta ahora no garantizan por sí solos la siguiente etapa de crecimiento. La economía española sigue apoyándose más en el aumento del volumen que en mejoras suficientes de productividad, mientras varios de los motores recientes empiezan a perder intensidad de forma simultánea: los fondos europeos continúan contribuyendo al crecimiento en 2026, aunque entran en su tramo final; el turismo se sitúa en cotas difícilmente superables; el margen fiscal será más reducido, y el mercado laboral se aproxima a niveles en los que será más complejo seguir reduciendo el desempleo sin reforzar la productividad.

En este contexto, el informe recomienda centrar la mirada en las políticas de oferta y avanzar hacia un modelo productivo más robusto y competitivo. Para ello, propone reforzar la inversión en capital tecnológico e I+D+i, adaptar la formación continua a las nuevas demandas del mercado laboral, facilitar el crecimiento en escala de las pymes y ejecutar los fondos europeos restantes con un efecto multiplicador real. El reto, según los autores, ya no es solo resistir shocks, sino ampliar la capacidad de la economía para crecer de forma sostenida.

La energía como infraestructura de competitividad

La 39ª edición del Informe Económico y Financiero de Esade, titulada ‘Capacidades energéticas para un nuevo tiempo económico’, dedica una atención especial al papel de la energía, no como un sector económico más, sino como una infraestructura fundamental para la seguridad, la competitividad y la autonomía estratégica.

El informe subraya que España cuenta con ventajas relevantes en energías renovables, capacidad de regasificación y mejora relativa de los precios energéticos industriales. Sin embargo, también señala que ese potencial debe traducirse en una ventaja efectiva para el conjunto de la economía. La elevada penetración de electricidad de origen descarbonizado convive todavía con un peso relevante del gas en la formación de precios, lo que muestra que la transición energética no depende solo del despliegue renovable, sino también de la capacidad de llevar electricidad limpia, competitiva y estable al conjunto del sistema productivo.

Para convertir esa capacidad energética en competitividad, los autores señalan la importancia de reforzar las redes, el almacenamiento, las interconexiones eléctricas, los contratos de largo plazo y unas señales de precios estables que permitan acelerar la electrificación de la economía. En este sentido, el déficit de interconexiones eléctricas sigue siendo uno de los cuellos de botella para aprovechar plenamente el potencial renovable español.

De la recesión temida a la inflación persistente

A escala internacional, el informe destaca que la economía global ha mostrado una caacidad de adaptación superior a la esperada, apoyada en el dinamismo de la inversión tecnológica, especialmente la vinculada a la IA, la reorganización de las cadenas globales de suministro y la resiliencia de Estados Unidos y buena parte de Asia.

No obstante, el informe matiza que el escenario internacional ya no es el mismo que hace unos meses. Las tensiones geopolíticas y energéticas han llevado a revisar ligeramente a la baja las previsiones de crecimiento para 2026. En este contexto de mayor incertidumbre, el escenario central apunta a un crecimiento mundial del 3,1% en 2026, con un avance del 1,8% para las economías avanzadas y del 3,9% para las economías emergentes y en desarrollo. La inflación mundial, por su parte, abandona la senda de moderación y sube hasta el 4,4% en 2026, frente al 4,1% de 2025, una previsión 0,6 puntos superior a la que el propio Fondo Monetario Internacional manejaba a principios de año.

Los autores señalan que las tensiones en torno a Oriente Medio y al estrecho de Ormuz siguen presionando al alza los precios energéticos y reduciendo el margen de actuación de los bancos centrales. En este contexto, el principal riesgo no pasa solo por una menor actividad, sino por la posibilidad de que la inflación permanezca elevada durante más tiempo, condicionando las decisiones de política monetaria y fiscal.

Ante este escenario, el informe recomienda consolidar algunas de las prácticas que mejor han funcionado en los últimos meses, como la mejora de la productividad asociada a la IA, la adaptación de las empresas a los cambios en el comercio internacional y la reconfiguración de las cadenas de suministro. Al mismo tiempo, llama a no perder de vista nuevos focos de vulnerabilidad, algunos derivados de esas mismas fortalezas: la concentración del ecosistema de IA en pocos actores, la incertidumbre sobre su capacidad de monetización, las necesidades energéticas de la digitalización, los riesgos de ciberseguridad y la evolución de los mercados financieros y de la deuda pública.

La 39ª edición del Informe Económico y Financiero de Esade, elaborada con el apoyo de Banco Sabadell, cuenta con la participación de Marta Suárez-Varela, economista sénior del Banco de España, autora del artículo “Energía, seguridad de suministro y competitividad: lo que hemos hecho desde la invasión de Ucrania hasta hoy, y lo que necesitamos a partir de ahora”; Pedro Linares, catedrático de la Universidad Pontificia Comillas y senior fellow de EsadeEcPol, que firma “Los retos de la transición energética: la autonomía, eficiencia y descarbonización del transporte, la industria y los edificios”; y Gonzalo Escribano, director del Programa de Energía y Clima del Real Instituto Elcano y catedrático de Economía Aplicada en la UNED, con “Reconfiguración fósil y descarbonización estratégica tras la guerra de Irán”. El investigador postdoctoral del Grupo de Investigación Económica y Financiera de Esade, Enrico Bergamini, cierra el apartado de debate con el texto “Las crisis energéticas y tecnológicas están convirtiendo la política industrial verde en una cuestión existencial para Europa”.